Método

Cómo se calcula el marcador corregido

El resultado oficial no se toca. Así se suma o se quita un gol cuando la afición valida un robo, y así se reconstruye la clasificación.

El problema no es nuevo: acaba el partido, el marcador oficial es 1–0 y en el sofá sigue la discusión del penalti. Al día siguiente la clasificación de LaLiga no se ha movido un milímetro. Liga del Robo no pretende sustituir esa tabla. Publica otra, en paralelo, hecha con los votos de quien usa la web.

Esta guía explica el método con números. No es un reglamento de la RFEF ni una crónica de un partido concreto. Es la receta que aplica el motor cada vez que una incidencia queda validada como robo. Si los umbrales de voto cambian en la configuración, el porcentaje que ves aquí se actualiza; la lógica de goles no.

Marcador oficial 1–0 y corregido 1–1 tras un penalti no señalado al visitanteOFICIALCORREGIDO1–01–1El acta no se mueve.Penalti no pitado al visitante.
Misma ficha, dos lecturas: el 1–0 oficial sigue en grande. El 1–1 es el corregido después de un penalti no señalado al visitante, validado por la afición.

Dos marcadores en la misma ficha

En cada partido aparecen, cuando el encuentro ha terminado, el resultado que publica LaLiga y, si hay robos validados con efecto en el marcador, el resultado corregido. El oficial no se tacha para “ganar” el argumento. Se deja visible para que nadie confunda esta web con el acta. El corregido es una lectura de la comunidad. No vale para descensos, títulos ni apuestas.

Si no hay robos validados, o los que hay no mueven goles, el corregido coincide con el oficial. Eso también es un dato: la afición no vio, o no cerró, una polémica que cambiara el partido.

Qué es un robo aquí (y qué no)

Robo no es un adjetivo de tertulia. Es el veredicto que sale al cerrar la votación: si el sí supera el 65% de los votos y hay al menos 5 votos, la incidencia queda validada. Por debajo, si aún supera el 40%, el veredicto es dudoso. Si no llega, queda limpio. Si no hay votos suficientes, no hay veredicto de comunidad.

Dudoso no entra en el marcador corregido que usa la clasificación pública. Solo el robo validado ajusta goles. El dudoso sí resta un poco en la nota del árbitro, porque el pitido quedó en tierra de nadie, pero no reescribe el 1–0. Mezclar las dos cosas sería hinchar la tabla con empates de opinión.

La votación dura 72 horas desde que la incidencia se publica. Mientras está abierta, la tabla puede moverse. Cuando cierra, el efecto queda; si más tarde se reabre o se fusiona un duplicado, se recalcula. No hay un editor que “ponga el gol a mano” al margen del recuento.

Quién es el beneficiado

Cada incidencia nombra al equipo que salió ganando con la decisión. Si no pitaron un penalti claro al visitante, el beneficiado es el local. Si señalaron un penalti que no existía y el local lo transformó, el beneficiado es el local. El motor no adivina el “equipo grande”. Usa esa etiqueta.

A partir de ahí hay dos operaciones posibles sobre el marcador: quitar un gol al beneficiado, o sumar un gol al otro. Nunca se restan tres puntos al club y se le dan al rival como atajo. Se cambia el marcador y, con el marcador nuevo, se vuelve a contar victoria, empate o derrota. Un 2–1 que pasa a 1–1 no es “le quitamos tres y le damos uno”: es un empate, un punto cada uno.

Qué tipos mueven el marcador

El tipo de incidencia decide el efecto por defecto. Quien propone no elige el gol a capricho, salvo en “otra incidencia”, donde sí hay que decir si se anula, se suma o no se toca.

Quitar un gol al que se benefició

  • Penalti inexistente: se asume que ese gol no debía existir. Sale del beneficiado. Un 2–1 local pasa a 1–1.
  • Gol en fuera de juego: el tanto que subió al marcador se retira. Mismo tratamiento.

Sumar un gol al que salió perjudicado

  • Penalti no señalado: el perjudicado “lanza” el que no tuvo. Un 1–0 local con penalti no pitado al visitante pasa a 1–1.
  • Gol anulado: se entiende que el tanto era legal y vuelve al perjudicado.
  • Mano no señalada: se trata como ocasión de gol que debió existir para el perjudicado.

Sin efecto en el marcador

Roja no mostrada y roja mal señalada no cambian el 1–0. Un jugador de más o de menos altera el partido de mil maneras que esta web no simula: no inventamos la posesión, ni el 2–0 que “habría caído”, ni el cambio táctico. La incidencia cuenta para el saldo de robos del club y para la nota del árbitro. El marcador se queda.

“Otra incidencia” empieza en cero. Si la jugada de verdad cambió un gol, quien propone elige anular o sumar. Si es un criterio de VAR, una pérdida de tiempo o un área mal señalada sin tanto, el efecto es ninguno y aun así puede validarse el robo para el ranking.

Ejemplo 1: 1–0 y un penalti no pitado

Local 1 – Visitante 0. Penalti no señalado al visitante, validado.

  • Oficial: 1–0. Tres puntos el local, cero el visitante.
  • Efecto: +1 gol al perjudicado (visitante).
  • Corregido: 1–1. Un punto cada uno.
  • La clasificación no “resta 3 y suma 1”. Rehace el partido como empate.

Ese ejemplo es el que más se entiende en la barra. El local sigue habiendo ganado en el acta. En la tabla paralela empató. Si ese punto le bastaba al visitante para salir del descenso en un recuento de sofá, es un recuento de sofá: aquí se dice en cada página.

Ejemplo 2: 2–1 con un penalti que no era

Local 2 – Visitante 1. El segundo gol local nació de un penalti inexistente, validado.

  • Oficial: 2–1. Tres puntos el local.
  • Efecto: −1 gol al beneficiado (local).
  • Corregido: 1–1. Empate.
  • Si el partido era 5–0 y el penalti fue uno de cinco, queda 4–0: sigue ganando el local. El robo no convierte cualquier ventaja en empate.

El 5–0 que pasa a 4–0 importa para no teatralizar. Un error arbitral en un partido ya sentenciado mueve un gol y el saldo de robos. No fabrica un milagro en la tabla. El motor recorta el tanto y vuelve a preguntar: ¿quién tiene más goles?

Ejemplo 3: gol anulado y dos lecturas

Local 2–1. Al visitante le anularon un gol que la afición considera legal. El beneficiado es el local. El efecto es +1 al perjudicado: 2–2. Oficiales, tres puntos el local; corregidos, un punto cada uno. Si esa misma jugada se cierra como dudosa, el 2–1 se queda. Verás la urna, el porcentaje y el sello de dudoso. No verás el 2–2 en la clasificación sin robos.

Dos robos en el mismo partido

Se aplican en serie, uno a uno, sin inventar un “intercambio de cromos”. Un penalti no pitado al visitante (+1 visitante) y un penalti inexistente del local (−1 local) en un 1–0 pueden dejar 0–1. El orden en el código no mezcla tipos: cada incidencia mira al beneficiado y aplica su +1 o −1. Los goles no bajan de cero: no hay marcadores negativos.

Si las dos incidencias benefician al mismo equipo —dos penaltis no pitados al visitante en un 2–0— el corregido puede ser 2–2. La tabla lo trata como empate. El acta, como victoria local. Las dos cosas se leen juntas en la ficha.

De un partido a la clasificación

La liga sin robos no es la oficial menos un ranking de “estafados”. Para cada jornada se toman los partidos terminados, se corrige el marcador con los robos validados, y se asignan 3, 1 o 0 puntos según ese marcador. Se suman jornadas. El desempate de esta tabla alternativa no copia el de LaLiga al milímetro: ordena por puntos, y en empate deja constancia de los puntos oficiales para que se vea el salto. No es el criterio UEFA. Es un recuento paralelo.

Por eso un club puede “subir” dos puestos en la vista corregida sin que le hayan validado un robo a favor: le validaron uno en contra al rival directo. El saldo por equipo (beneficiado / perjudicado) está en Estadísticas. La clasificación responde a otra pregunta: si esos goles se hubieran pitado como votó la afición, ¿cuántos puntos llevaría cada uno?

Qué no simula este método

  • El tiempo añadido, las expulsiones ni el once resultante. Una roja al minuto 10 no se traduce en 1,4 goles esperados.
  • El “habría marcado el penalti”. El +1 es una convención, no un xG. Algunos penaltis se fallan. Aquí el no pitado cuenta como gol del perjudicado porque, si no, el marcador no se mueve nunca y el ejercicio se vuelve un mural de quejas.
  • Las decisiones encadenadas. Un fuera de juego mal señalado que corta un contraataque no suma gol salvo que la incidencia se plantee, se vote y el tipo lleve efecto.
  • El criterio del VAR como institución. Se vota la jugada, no el protocolo.

Si aún hay urnas abiertas o notas de árbitro en plazo, la tabla puede cambiar. El aviso sale en Árbitros y Estadísticas. No es un fallo: es la votación en curso.

Cómo comprobarlo en un partido real

  1. Abre la ficha: resultado oficial en grande.
  2. Mira las incidencias. Si una está en votación, el corregido todavía no la incorpora como robo cerrado.
  3. Si hay un sello de validada y el tipo mueve gol, compara oficial y corregido. Cuadra el beneficiado con el +1 o el −1 de esta guía.
  4. Sube a la jornada y a la clasificación. El salto de puestos debe corresponder a partidos ya terminados, no a alineaciones del sábado.

Si el número no cuadra, casi siempre es una de estas tres: la incidencia aún no cerró, el veredicto es dudoso, o el tipo es una roja. Las tres están descritas arriba a propósito. El resto es un bug, y entonces sí: se reporta.

Actualizado el 25 de agosto de 2026.